Categoría: Amor conyugal
17 Agosto 2006
1.¿La gente sabe lo que es el amor?
Vivimos en una sociedad mediática que nos proporciona a diario abundante información. Esta información no siempre comunica la verdad de las cosas, y cuando esto sucede con frecuencia, se corre el riesgo de vaciar de contenido los conceptos. Así por ejemplo: todos tenemos la experiencia del amor, y sin embargo solemos llamar amor a lo que no es. Sin darnos cuenta hemos ido vaciando de contenido a lo más importante de nuestras vidas.
2.¿Por qué es importante el amor conyugal?
El amor es lo que somos en lo ordinario de cada día respecto a los demás, el amor no es un sentimiento ni un concepto abstracto. Por eso, ahí donde un varón y una mujer reconocen en el otro algo amable que les mueve a entregarse mutuamente, en lo que son y en lo que pueden llegar a ser como varón y como mujer, ahí se renueva la historia humana. Sólo el amor conyugal puede explicar un desprendimiento tan grande como es la entrega total de uno mismo, entrega que sólo es posible entre un varón y una mujer en el matrimonio.
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15 Marzo 2006
Por Pablo Cabellos Llorente
LA VERDAD DEL MATRIMONIO
El Encuentro Mundial de las Familias, que tendrá lugar en Valencia, centra aún más nuestra mirada y desvelos en esta institución que es clave para la Iglesia y para el mundo. Ahora es un tiempo especialmente oportuno para realizar algo que decía Juan Pablo II: "Es preciso redescubrir la verdad, la bondad y la belleza de la institución matrimonial que, al ser obra de Dios mismo a través de la naturaleza humana y de la libertad del consentimiento de los cónyuges, permanece como realidad personal indisoluble, como vínculo de justicia y amor, unido desde siempre al designio de la salvación y elevado en la plenitud de los tiempos a la dignidad de sacramento cristiano. Esta es la realidad que la Iglesia y el mundo deben favorecer. Este es el verdadero favor del matrimonio."
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9 Marzo 2006
Por Javier Mandingorra
Una de las cualidades humanas que manifiesta más claramente la madurez, la salud psicológica, la calidad humana de una persona es su capacidad de agradecer.
El hombre es un ser que necesita de los demás. No se concibe la vida del hombre sin otros hombres.
Para hacer cosas en la vida es necesario apoyarse en los demás, en el sentido más noble, convivir es vivir con. Y eso es lo que hacemos de una forma habitual.
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15 Febrero 2006
M. Ángeles Burguera
Hoy día es de buen tono mantener en público que el matrimonio es solo una opción entre otras y que la mera cohabitación debería tener los mismos derechos. Pero la realidad social prueba que el matrimonio todavía marca la diferencia. En el libro The Case for Marriage (1), publicado recientemente en Estados Unidos, las sociólogas Linda Waite y Maggie Gallagher muestran con datos los beneficios que a largo plazo supone el matrimonio para las parejas y para la sociedad. Beneficios que justifican que el matrimonio sea tratado como una opción social preferente.
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15 Febrero 2006

En esta entrevista a D. Alfonso López Quintás, catedrático emérito de filosofía en la Universidad Complutense (Madrid) y miembro de la Real Academia Española de Ciencias Morales y Políticas, se clarifica la idea de fidelidad, que juega un papel decisivo en nuestra vida de interrelación.
Sostiene que se confunde, a menudo, la fidelidad y el aguante. Aguantar significa resistir el peso de una carga, y es condición propia de muros y columnas. La fidelidad supone algo mucho más elevado: crear en cada momento de la vida lo que uno, un día, prometió crear. Para cumplir la promesa de crear un hogar con una persona, se requiere soberanía de espíritu, capacidad de ser fiel a lo prometido aunque cambien las circunstancias y los sentimientos que uno pueda tener en una situación determinada. Para una persona fiel, lo importante no es cambiar, sino realizar en la vida el ideal de la unidad en virtud del cual decidió casarse con una persona. Pero hoy se glorifica el cambio, término que adquirió últimamente condición de "talismán": parece albergar tal riqueza que nadie osa ponerlo en tela de juicio. Frente a esta glorificación del cambio, debemos grabar a fuego en la mente que la fidelidad es una actitud creativa y presenta, por ello, una alta excelencia.
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6 Febrero 2006
Por Antonio Fernández Madero
Un verdadero desafío que se nos presenta al comienzo de un nuevo milenio, es restablecer el respeto que merece la institución matrimonial y la grandeza de la fecundidad humana, como verdadera *procreación+. A la llamada cultura de la muerte ha de oponerse con fuerza la cultura de la vida con argumentos válidos, profundos y sencillos, que calen en las conciencias de los cristianos y los hagan fuertes ante los ataques hedonistas de los que viven *ut si Deus non esset+. Recordemos el texto de Juan Pablo II en la Tertio millennio adveniente: *El Jubileo podrá además ofrecer la oportunidad de meditar sobre otros desafíos del momento como, por ejemplo, (...) las problemáticas relacionadas con el respeto de los derechos de la mujer y con la promoción de la familia y del matrimonio+ (TMA, 51).
El Magisterio de la Iglesia, con una visión muy positiva y optimista de la realidad humana, como criatura de Dios y santificada por la gracia, expone que *la fecundidad humana es un don, un fin del matrimonio, pues el amor conyugal tiende naturalmente a ser fecundo. Un amor humano o sobrenatural que no es fecundo, o es falso o está enfermo. El niño no viene de fuera a añadirse al amor mutuo de los esposos; brota del corazón mismo de ese don recíproco, del que es fruto y cumplimiento. Por eso la Iglesia, que está a favor de la vida (cfr FC, 30), enseña que todo Aacto matrimonial debe quedar abierto a la transmisión de la vida@ (HV, 11). Esta doctrina, muchas veces expuesta por el Magisterio, está fundada sobre la inseparable conexión que Dios ha querido y que el hombre no puede romper por propia iniciativa, entre los dos significados del acto conyugal: el significado unitivo y el significado procreador (cfr HV 12; Pío XII, Casti connubii; CEC, 2366).
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6 Febrero 2006
Por Manolo Ordeig
Creados por amor y para el amor, el hombre y la mujer llevan en sí la natural inclinación a la felicidad. Una felicidad que, "a imagen y semejanza" de Dios, se articula en torno al amor y se alcanza con el progresivo don de sí mismos. Dar y recibir amor es el camino y el fin de la perfección humana.
La felicidad perfecta de Dios se manifiesta en su infinita liberalidad. El dar y el darse divinos constituyen la raíz del universo -incluido el hombre-; y de esa increíble intervención de Dios a favor del hombre caído por el pecado, que es la Redención. Cristo mismo, haciéndose don para la Iglesia, se erige en camino hacia su destino definitivo. La Eucaristía es la máxima expresión de esa donación de Cristo.
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6 Febrero 2006
Mons. Francisco Gil Hellín (Diálogos Almudí, 5 de febrero de 2001)
La presente intervención, cuyo objeto es la moral conyugal, tiene como punto de partida la consideración de una verdad fundamental para la moral: el matrimonio es bueno. No es que el matrimonio sea una realidad que va haciéndose buena a lo largo de la vida de los esposos. Es ya bueno desde el principio de la vida matrimonial. El matrimonio está siempre presente en la vida de los cónyuges no como si fuera sólo un simple recuerdo de algo que sucedió en el pasado, sino siendo su raíz profunda, su sustento continuo, su base permanente, su fuerza escondida. Esta bondad del matrimonio es como la savia que vivifica el árbol frondoso de la vida matrimonial.
A veces, cuando se habla de moral conyugal, se advierte la tendencia a aludir al matrimonio como una especie de "condición" para la vida conyugal. Como si el matrimonio sólo fuera algo que hay que hacer, para después poder convivir como marido y mujer. Algo así como un requisito, un trámite, una cierta formalidad, que diera a los esposos una especie de "tarjeta de crédito" que les permitiera vivir como esposos. Esta es una visión muy pobre del matrimonio. La bondad del matrimonio no se reduce a las cosas buenas y santas que pueden vivir las personas casadas. Es algo mucho más profundo y radical. La bondad del matrimonio se enraíza en el orden del ser, de la ontología, de la realidad misma forjada de la unión fiel y fecunda entre un hombre y una mujer. Y es la bondad misma de esta novedad en el orden del ser, que es el matrimonio, la raíz vital de la vida conyugal, y el fundamento de la moral conyugal.
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