Entrega y vida: la moral conyugal
Mons. Francisco Gil Hellín (Diálogos Almudí, 5 de febrero de 2001)
La presente intervención, cuyo objeto es la moral conyugal, tiene como punto de partida la consideración de una verdad fundamental para la moral: el matrimonio es bueno. No es que el matrimonio sea una realidad que va haciéndose buena a lo largo de la vida de los esposos. Es ya bueno desde el principio de la vida matrimonial. El matrimonio está siempre presente en la vida de los cónyuges no como si fuera sólo un simple recuerdo de algo que sucedió en el pasado, sino siendo su raíz profunda, su sustento continuo, su base permanente, su fuerza escondida. Esta bondad del matrimonio es como la savia que vivifica el árbol frondoso de la vida matrimonial.
A veces, cuando se habla de moral conyugal, se advierte la tendencia a aludir al matrimonio como una especie de "condición" para la vida conyugal. Como si el matrimonio sólo fuera algo que hay que hacer, para después poder convivir como marido y mujer. Algo así como un requisito, un trámite, una cierta formalidad, que diera a los esposos una especie de "tarjeta de crédito" que les permitiera vivir como esposos. Esta es una visión muy pobre del matrimonio. La bondad del matrimonio no se reduce a las cosas buenas y santas que pueden vivir las personas casadas. Es algo mucho más profundo y radical. La bondad del matrimonio se enraíza en el orden del ser, de la ontología, de la realidad misma forjada de la unión fiel y fecunda entre un hombre y una mujer. Y es la bondad misma de esta novedad en el orden del ser, que es el matrimonio, la raíz vital de la vida conyugal, y el fundamento de la moral conyugal.

Alfonso meza dijo
es algo muy interesante...
4 Agosto 2008 | 09:50 AM