La castidad matrimonial
Por Manolo Ordeig
Creados por amor y para el amor, el hombre y la mujer llevan en sí la natural inclinación a la felicidad. Una felicidad que, "a imagen y semejanza" de Dios, se articula en torno al amor y se alcanza con el progresivo don de sí mismos. Dar y recibir amor es el camino y el fin de la perfección humana.
La felicidad perfecta de Dios se manifiesta en su infinita liberalidad. El dar y el darse divinos constituyen la raíz del universo -incluido el hombre-; y de esa increíble intervención de Dios a favor del hombre caído por el pecado, que es la Redención. Cristo mismo, haciéndose don para la Iglesia, se erige en camino hacia su destino definitivo. La Eucaristía es la máxima expresión de esa donación de Cristo.
