Familia, empresa, trabajo: entre el interés y el fraude
Por Tomás Melendo
Sábado, 21 de enero de 2006
Durante los pasados años setenta, ante el inesperado boom económico de los japoneses, muchos empresarios occidentales hablaron de una reintroducción de la ética y de los valores en la esfera de la economía, elaborando códigos deontológicos, «filosofías» de empresa y «políticas» corporativas…
Flotaba en el ambiente una convicción: «tratar bien a las personas es rentable».
Con el correr del tiempo, algunos directivos fijaron exclusivamente su atención en la rentabilidad, dando origen a una clara «prostitución de la ética». De cara a la galería se trataba bien a los empleados y a cuantos se relacionaban con la empresa, pero en realidad no se quería su bien. Lo único que importaba era la cuenta de resultados. Y la aparente atención a las personas se instrumentalizó, hasta convertirse en mera estrategia para incrementar los ingresos.
